El dulce encanto de la repostería en Sabor Barranquilla
Por Valeria Naissir
Tartufini nació como una iniciativa personal de María Luisa Pérez, quien, motivada por su gusto en la culinaria y el deseo de crear algo propio, fue dando forma a una marca que hoy se destaca en la oferta repostera en Barranquilla y participa entre los invitados locales en Sabor Barranquilla.
Desde pequeña se sintió atraída por la cocina, pero en una época en la que estudiar repostería no era considerado un camino tradicional, optó por cursar Diseño Gráfico en la Universidad del Norte. Fue durante esa carrera que empezó a darle forma a su marca soñada. Aprovechó cada clase, cada proyecto, para imaginar lo que sería Tartufini. Así, sin darse cuenta, lo fue construyendo con estrategia, visión y mucho amor. El punto de giro llegó cuando una tía le pidió que su pudín de chocolate, ese que siempre comparte en reuniones familiares, fuera el postre insignia de su nuevo restaurante. Lo que comenzó como un detalle casero se convirtió, poco a poco, en un producto con demanda real. Las personas empezaron a pedirlo, incluso fuera de su círculo cercano, y entonces entendió que su hobby tenía potencial para ser algo más grande.
El nombre Tartufini surgió durante una estancia en Florencia para aprender italiano, donde descubrió la palabra que significa «pequeñas trufas» en ese idioma. Era perfecto: tenía ese sonido italiano que tanto le gustaba y aludía directamente a su pudín de chocolate coronado con tres pequeñas trufas.
Tras culminar su carrera universitaria, decidió apostarle a su pasión de forma profesional. Se formó en The Pastry Academy en Las Vegas, bajo la dirección del reconocido chef Amaury Guichon. Tres meses intensos de formación en pastelería clásica francesa con un toque americano, que marcaron un antes y un después en su enfoque creativo y técnico.
A lo largo de los años una frase que le dijo su padre ha sido parte del pensamiento que la ha impulsado a seguir creciendo con su marca; “Sueña en grande y ganas en grande”.
Lo que comenzó como una pasión compartida entre familiares hoy se ha convertido en un sueño colectivo que emociona y deja huella.
Este fue el diálogo con María Luisa sobre su proyecto gastronómico:
¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado como emprendedora?
Adaptarme a todo. Emprender en la cocina no es solo saber cocinar: es administrar, llevar bien las finanzas, hacer compras, liderar un equipo, entender el mercado, estar al día con tendencias en redes y, sobre todo, aprender a delegar. Te lo dice la que estudió diseño gráfico porque era la carrera con menos matemáticas y odiaba Excel. Hoy en día no puedo vivir sin mis hojas de cálculo.
¿Cómo es la relación que tienes con tus clientes? ¿Alguna anécdota especial?
Mi relación con mis clientes es demasiado especial. No estaría donde estoy sin ellos. Siempre procuro que sea una conversación de tú a tú, entenderlos para poder asesorarlos según sus necesidades (el gusto no es igual para todo el mundo). Por muchos años trabajé desde mi casa, y es muy lindo ver cómo se alegran conmigo por mis logros, como si los sintieran propios. Muchos llegan al local diciéndome: “yo te compraba desde que comenzaste en la casa” con una emoción que me llena cada vez. ¿Cómo no estar agradecida con ellos, que son quienes mantienen vivo este sueño?
¿De dónde te inspiras para crear nuevas recetas o productos?
De todos lados: momentos, viajes, recuerdos, postres que dejaron de existir. A veces también nacen para complacer los gustos de personas especiales, y terminan gustando tanto que se quedan en el menú.
¿Cuál es tu postre favorito y por qué?
¡Qué difícil! El pudín de trufas de chocolate tiene un espacio especial en mi corazón porque fue el inicio de todo. Los ‘logs’ (troncos de helado) me llenan de orgullo porque no los aprendí en ningún lado, fue prueba y error. Y el que me tiene adicta últimamente es la galleta de Milo Dubái. Esa mezcla entre el chocolate suave del Milo y el estilo Dubái es de locos. ¡No me aburro!
¿Cómo influye Barranquilla en tu marca? ¿Hay sabores o colores inspirados en la cultura local?
Barranquilla influye muchísimo, sobre todo con postres icónicos que vi y comía desde chiquita. Muchos de esos postres locales que me encantaban fueron desapareciendo con el tiempo, y quise recrearlos para que no se perdieran. El pudín de chocolate, el pudín de naranja, el ‘log’ inspirado en el famoso ‘Tronco de Helado’ que hacía la señora de las flores…
También el cookie pie de bocadillo con sal marina: quise reinterpretar ese típico dulce que se comía después del almuerzo en muchas casas: el bocadillo veleño con queso costeño.
¿Tienes planes de expandirte o lanzar nuevas líneas de productos?
¡Claro que sí! Hago parte de una sociedad gastronómica en la que manejamos cuatro marcas: Tartufini, GRAB Burgers, Sabores de Damasko y Típikos. Con Tartufini, estamos en proceso de implementar una línea de productos salados para desayunos, tardes y comidas ligeras. También está en planes una línea saludable, y otras ideas que por ahora no puedo decir.
¿Cómo te imaginas a Tartufini en cinco años?
Con varias islas en centros comerciales y una línea de productos retail que nos permita llegar a otras ciudades y países. La idea es que Tartufini sea accesible y reconocible en muchos más lugares, sin perder su esencia.
¿Cómo definirías la esencia de Tartufini en tres palabras?
Autenticidad, nostalgia y detalle.
Fotografías cortesía de Tartufini tomadas por Miguel Salgado Cadena